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miércoles, 20 de agosto de 2008

Continuación, "Lo podemos rescatar de Mercedes Bunz"


2. Identidad y política

Turanga Leela

“Bueno Fry ya bajaste a Lucy Liu. ¿Te vas quedar
tan solo mirándola sin decir nada?[1]

a) La viñeta del perro: Sujeto/Huella - política de visibilidad

“En una oficina hay un perro sentado en una silla giratoria frente a un escritorio. En la pantalla de una PC se vislumbra una frase escrita con letra borrosa. Su pata izquierda descansa sobre el teclado mientras habla con un perro más pequeño que está en el piso y lo mira intrigado. “En Internet – le explica – nadie sabe que eres un perro.[2]”

Esta inocente viñeta le sirve de ejemplo a Mercedes Bunz para establecer una serie de puntos que se entrecruzan. Por un lado está la irrupción de Internet en el “discurso público”. Por otro lado, se nos viene de golpe la idea de la identidad en la red. Empecemos entonces por el primer punto.

El año de la publicación de la viñeta marca la entrada de “Internet” como concepto al ámbito público, a su discurso. Internet denota su relieve en la superficie, iconizada en la viñeta de los perros. Internet se vuelve entonces un tema de discusión generalizada. “La discusión sobre Internet no sólo comienza a aparecer más allá del ámbito de los discursos especializados: ya se ha desprendido de las explicaciones para transformarse en un objeto conceptual independiente[3]”. Hasta aquí ninguna novedad. Podemos fijarnos entonces en el segundo punto – mucho más vertiginoso -, el tema de la identidad. El tema de la viñeta, su chiste, radica en la identidad oculta del perro. La discusión se centra, por tanto, en una visión general de lo que representa Internet en relación a la identidad: la posibilidad de alterarla. En Internet, “la construcción de la identidad implica la opción de deponerla o al menos borronearla. Internet, entonces, aparece como una tecnología que hace posible esta opción: en Internet nadie sabe que eres un perro”[4]. Retorna aquí la pregunta por la identidad y, en este caso, su relación con Internet. Y en ésta relación se ha encontrado un vacío, otro punto de fuga. Se hace latente la necesidad de hacer visibles a los sujetos en la red. Es justo cuando surge la posibilidad de alterar la identidad propia, cuando más se hace necesario producir sujetos visibles. Lo que la viñeta de los perros trae a colación es la constitución del sujeto en la red. Veamos entonces de que forma se constituyen los sujetos en la red.

b) Técnica/Sujeto: red

Los sujetos en la red son producidos de manera técnica. Centremos nuestra atención en las “Cookies[5]”. “Lo que se necesita para producir un sujeto y perseguirlo en el marco del browser o navegador, la herramienta más usada en la WWW, es apenas una corta cadena de datos objetivos: un nombre, un contenido, una fecha de caducidad de la información, una ruta y un área definidos, así como la pregunta por la necesidad de una forma de transmisión más segura”[6]. Esto es todo lo que necesitamos para producir un sujeto. Tenemos que agregar aquí lo siguiente: los usos más frecuentes de las cookies son para “controlar a los usuarios”, por ejemplo. Cada internauta tiene un nombre de usuario y una contraseña, por ejemplo en Hotmail.com. La cookie almacena el nombre de usuario y la contraseña de manera que no es necesario volver a escribirlos nuevamente. A pesar de esto, la cookie no establece una relación directa con una persona en particular, sino que con un computador y su recorrido de navegación. Otro uso popular de las cookies es el de almacenar la información personal del usuario – aparte de la contraseña y su nombre de usuario. Las cookies también sirven para guardar las preferencias de “configuración de la página”, vale decir, los colores, los fondos, y los “temas”. Y el uso de las cookies que nos interesa lo encontramos ahora: las cookies también son utilizadas para seguir los rastros que los usuarios dejan al momento de “navegar”. En este punto, no debe extrañarnos que a nuestras páginas de Internet preferidas llegue publicidad sobre cosas que nos interesan. Este uso de las cookies no indaga en la identidad del sujeto en la red, no juega con su nombre de usuario ni su contraseña, este tipo de uso de la cookie sólo sirve para visualizar los patrones de uso de los individuos. Todas las páginas que visitamos conforman un “path”, un camino, una preferencia, después de todo Internet nos permite buscar precisamente la información que deseamos, la información que “necesitamos”. Nuestras preferencias de páginas visitadas son seguidas. De ellas se consigue una frecuencia de las páginas visitadas y de esto se deduce nuestra preferencia. Las cookies no son algo que podamos elegir o no, son parte del protocolo de las páginas que visitamos. Es más, para que nuestro navegador funcione regularmente, necesitamos tener admitidas cierta cantidad de cookies. Por lo tanto, “esta admisión tiene como resultado esa oferta personalizada que hemos aprendido a valorar en Amazon o Ebay. La tecnología de la cookie añade a la red, entonces, otra visibilidad, una visibilidad que – afirmando con Althusser – recluta sujetos al volver sus huellas visibles: una técnica de la subjetivación”[7]. Sin embargo, las cookies no fueron creadas con la finalidad de hacer visibles las huellas de los sujetos o convertirse en una técnica de subjetivación. Las cookies antes bien, fueron la herramienta que permitía recordar las elecciones de aquella gente que compraba en Internet, y por algún motivo, necesitaba recuperar esa información, por así decirlo, “necesitaban recordar lo que habían puesto en su carrito de compras”. Y antes de esto, las cookies mejoraron la navegación misma de páginas web, ya que éstas, al no poder almacenar información por sí mismas, necesitan almacenar información de alguna manera. Las cookies primero que todo sirvieron para direccionar de forma eficiente la información que fluye, entre una página y otra. “Con la cookie, entonces, se perfecciona el direccionamiento de la tecnología del navegador. Con Foucault y Althusser, podemos decir que con la tecnología de las cookies se establece un proceso que produce sujetos en el marco de la WWW. Se trata, entonces, de una técnica de subjetivación[8]”[9].

La creación de sujetos en Internet implica una “subjetivación” de los mismos. La necesidad de hacer visibles a los sujetos se vuelve política. Así como “no existe lo que no tiene autorización para existir”, no puede existir un sujeto sin identidad. Nos encontramos de golpe con una técnica de subjetivación en la red. Y aquí la relación central no es la de las relaciones entre los individuos, sino más bien, las de los individuos y las huellas que dejan. Las cookies son huellas que dejan los individuos y que, les gusten o no, son utilizadas para fines diversos. El seguimiento de los individuos, y la creación de un patrón de navegación se vuelven algo cotidiano. Es posible saber de antemano los lugares donde los sujetos aparecerán. Mercedes Bunz se refiere a esto de la siguiente manera: “La técnica de la sujeción, la técnica de la subjetivación ya no rige estableciendo un retrato ejemplar a lo largo del cual el sujeto debe moverse; más bien recolecta datos a partir de los cuales calcula de antemano el margen de fluctuación de la huella. Las directivas son reemplazadas por actas de control. El punto de origen del poder, ese punto en el que los sujetos son formateados, se ha modificado: el factor decisivo del disciplinamiento ya no reside en la relación entre los sujetos, sino que se concentra en la relación entre el sujeto y su huella”[10]. Aquellas “actas de control” son lo que conocemos como “cookies”. Y hoy en día, son una técnica de subjetivación, que producen al “sujeto en la red”.

c) Sujeto/Huella: Cookie Cooker

No todo está perdido en la identidad de los sujetos en la red. Hemos visto cómo en la red se crean las condiciones de la superación de sus propios límites. Aplicaciones como Cookie CookerEl Cookie Cooker, un software que le permite al usuario disfrazarse con distintas identidades. (…) llena formularios en la web con nombres, edades y direcciones elegidos al azar. El nombre de usuario y la clave son almacenados de forma interina. (…) el programa facilita la apertura y el uso de web accounts, porque actualiza los datos que ha enredado de diferentes maneras intercambiando paquetes de datos con otros usuarios.(…) se aprovechan las ventajas de las cookies pero la propia identidad queda inutilizable para recolectores de datos profesionales. Se trata, entonces, de una administración de la identidad que protege la identidad al contaminar la huella y confundir los cálculos sobre los movimientos del sujeto.[11]” Esta aplicación permite a los usuarios la posibilidad de entregar una identidad “contaminada”, una identidad que no es la propia, pero que es identidad al fin y al cabo. Se produce un efecto singular en esta contaminación. La huella del sujeto, en su identidad, es alterada. Es más, la huella de los usuarios, a través de esta aplicación, no se manifiesta para nada. En la red lo que hace visibles a los sujetos son sus huellas, no sus relaciones. Sin embargo, esto quiere decir que los sujetos dejen huellas. Muy por el contrario, son las huellas las que producen a los sujetos. permiten cambiar la identidad, esta vez, de manera combinada. Y esta aplicación, como ejemplo, nos permite –como señala Bunz -, “contaminar la huella”. Recordemos ahora que hemos de centrarnos en el sujeto y su huella. “

d) Sujeto/Huella: Técnica

¿Cómo es esto posible? ¿Cómo producen las huellas a los sujetos? “La huella del sujeto es hecha visible cuando se programa al sujeto dentro de la tecnología de la red, es decir, a posteriori[12].[13]” Pues bien, si recordamos el elemento utópico de Internet, en realidad, la técnica no necesita de una identidad, Internet como medio no requiere la huella de los sujetos a priori, sus funciones no cambian aun si los individuos no revelan su identidad. La necesidad de hacer visibles a los sujetos no está en la técnica, no está en Internet. Está en el discurso que se crea en torno a la identidad –como hemos visto. El anonimato representa una amenaza en sociedades en la cuales el “control social” es la regla. Por tanto, Internet como campo discursivo novedoso necesita ser civilizado, es necesario aplicar leyes, es necesario hacer a los sujetos visibles, pero no porque Internet lo exija, sino porque no puede haber sujeto sin identidad. Esta es la función de todas las instituciones sociales que conoce la humanidad. Internet no puede escapar a las relaciones de poder, y por ello es necesario controlarlo –este el discurso dominante hoy en día. Las relaciones de poder de la ideología capitalista dominante, no se las puede arreglar sin sujetos. De ahí la necesidad de una técnica de subjetivación, la huella.

e) Sujeto/Huella: Control

Pues bien, “la tecnología se transforma en una técnica de la subjetivación, en una técnica del control, recién cuando se invita al sujeto a participar de la técnica. La inquietud, la amenaza de ser controlados por la técnica, el momento de la “alienación”, no son resultados del hecho de que la tecnología disponga del sujeto.[14]” Recordemos que existe, sin embargo, un elemento utópico en la tecnología, la copia. Vemos entonces en qué nivel la tecnología, se convierte en una técnica de control. Pero como hemos dicho antes, la huella del sujeto se realiza a posteriori, por tanto, “no es la red la que aliena a los sujetos. La figura del sujeto misma está alienada. La transformación en sujeto implica siempre una forma de subjetividad y con ella la sujeción a un determinado formato visible y, por lo tanto, disciplinario, controlable: la huella[15]”. En la viñeta de los perros encontramos, entonces, una de las primeras conclusiones que podemos sacar de esta discusión: “la tecnología no reproduce al sujeto[16]”. Es el discurso que trata de rodear la identidad, la que legitima el control social de los sujetos en la red, porque recordemos, son los sujetos cuyo anonimato amenaza a las relaciones de poder. El control no es algo central en la red, al menos no es su idea utópica. Es cierto, “en Internet nadie sabe que eres un perro”, pero el discurso que se crea en torno a la identidad responde, “tenemos indicios de que usted en algún momento lo fue”. Pues bien, acordemos dos puntos centrales en torno a esta discusión, en primer lugar Internet como medio, como técnica, problematiza la concepción misma de sujeto. En segundo lugar, Internet al dar con la pregunta por la identidad se convierte, como tecnología, en una amenaza, en un “campo nuevo que hay que civilizar”. “Y la civilización no es otra cosa que la construcción de ciudadanos emancipados, el reclutamiento de sujetos, la invocación de nombres propios o la reproducción de las condiciones de poder hasta ahora existentes. El reclutamiento del sujeto es un acto civilizatorio y – como en la etnología – a la vez un acto de violencia. La nominación es, siempre, un acto de expropiación[17].[18]”

De la identidad hemos dicho que la importancia no está en las relaciones entre los individuos, sino más bien, entre los individuos y su huella. Y de esto hemos dicho que los sujetos no dejan huellas, precisamente, sino que “los sujetos” son construidos a partir de las huellas. De ello hemos dicho que las huellas son programadas al interior del medio, de Internet. La tecnología no es la que precisa el control, la huella se justifica entonces en la creación de ciudadanos, “invocación de sujetos” que es necesaria para reproducir las relaciones de poder. Y este es un acto violento, es “un acto de expropiación”; la identidad de los sujetos es expropiada, es violentada, en la configuración misma de la humanidad en sujetos.

f) Sujeto/Huella: Violencia

Llegamos entonces en este recorrido por el discurso en torno a la identidad, a la violencia. Y nos damos cuenta que el acto violento original es la producción de sujetos, la producción de individuos libres en sujetos, la producción de sujetos a través de huellas – recordemos el sujeto no deja huellas per se. La huella produce sujetos, y “la huella no es algo exterior que aparece y ejerce violencia sobre el sujeto hasta ese momento incólume. El sujeto comienza recién con la huella, comienza con la subjetivación de la técnica. Aunque la huella permite controlar al sujeto, la violencia no es parte de la tecnología en la que se inscriba la huella, sino que es inherente al sujeto mismo[19]”. Por ello, la violencia que vemos por parte de la juventud, por ejemplo, no es culpa, particularmente, de la tecnología. Antes bien, la violencia está en las relaciones de poder de los individuos, no del medio. Podemos culpar erróneamente a la tecnología de todos los males que aquejan a la juventud, pero esto –como hemos visto- no es así. La violencia justifica y legitima la política de la visibilidad de los sujetos en la red. Actos como el “bullying” o el “grooming” justifican la creación de sujetos y la construcción de ellos a través de huellas. Pero la violencia de estos actos no es inherente al medio, a Internet, es inherente a los sujetos. “El discurso introduce la figura del sujeto en el medio y esta se manifiesta en la huella. El sujeto es reclutado por medio de la civilización de la tecnología. Y la forma del sujeto no preexiste al medio, sino que es programada dentro de él”[20]. Digámoslo nuevamente, Internet no justifica el control social, ni la violencia que producen los individuos. Aunque se trate afanosamente de justificar a través de Internet el control social, con casos violentos como el “bullying” o el “grooming”. Y digámoslo nuevamente, la violencia es inherente a los sujetos, no a la tecnología. La política de visibilidad[21], a través de la huella, es por tanto, inherente a las relaciones de poder de los individuos, y no a las relaciones de los individuos y la tecnología.


Escrito por Rodrigo Díaz.



[1] Capítulo de la serie animada “Futurama”, titulado “Yo salí con una robot”, es el numero 15 de la tercera temporada.

[2] La viñeta es de Peter Steiner, publicada el 5 de Julio de 1993 por primera vez, en “The New Yorker”.

[3] Ibidem, Pág., 48.

[4] Ibidem, Pág., 48.

[5] En inglés significa “galletas”. Podemos establecer una analogía con las migas de las galletas. En especial con el cuento de “Hansel y Gretel”, el cual es evocado por Bunz para recordar que los hermanos, al adentrarse al bosque, van dejando huellas de galletas para recordar el camino de regreso a casa.

[6] Ibidem, Pág., 41 y 42.

[7] Ibidem, Pág., 43.

[8] La autora se refiere a la teoría de la subjetivación de Althusser, la que se define como: interpelación, conocimiento del estatus de sujeto y reconocimiento. Este procedimiento es descrito por Althusser como una “telecomunicación práctica de la interpelación” (Althusser; “Ideología y aparatos ideológicos del Estado”). La transmisión de la socialización guarda relación con la tecnología de las cookies, según Mercedes Bunz.

[9] Ibidem, Pág., 42.

[10] Ibidem, Pág., 43 y 44.

[11] Ibidem, Pág., 44.

[12] Cuando se inserta la cookie string – una secuencia lineal de caracteres, palabras u otra información -, en el encabezado http, se desarrolla una firma digital para el ciudadano o se obliga por ley a los proveedores a archivar los logfiles – guardando información de navegación. La red es antropomorfizada y, por lo tanto, la carencia compensada – la carencia por la pregunta del sujeto -, de esta manera se produce la huella del sujeto en la red.

[13] Ibidem, Pág., 50.

[14] Ibidem, Pág., 50.

[15] Ídem.

[16] Ibidem, Pág., 50.

[17] Se refiere la autora a las metáforas antropológicas, las que se aprecian en los nombres de los programas con vemos páginas Web. Tales como: Explorer, Navigator, Outlook. Haciendo referencia de Internet como un lugar indómito, un terreno impenetrable, un espacio que debe ser cartografiado, domesticado, civilizado, en última instancia.

[18] Ibidem, Pág., 51.

[19] Ibidem, Pág., 52.

[20] Ibidem, Pág., 52 y 53.

[21] No sólo a través de Internet las huellas de los sujetos pueden ser seguidas. La política de la visibilidad de los sujetos es altamente respaldada después de acontecimientos extremos como el 11/09 Estadounidense. Los pasaportes modernos cuenta con un chip de seguimiento de los individuos, lo cual los hace ubicables en cualquier parte del mundo, los hace visibles, es posible seguirle las huellas a los sujetos, no importando donde estén. Otra alternativa, en algunos casos por iniciativa propia, es la implantación de un “chip” de seguimiento, el cual es instalado debajo de la piel. No sólo el pasaporte permite seguir las huellas de los individuos, aparentemente, los individuos ahora prefieren hacer visibles sus huellas. Estos son sólo ejemplos parciales, y la implementación de este tipo de control social, aún no es masivo pero es real. Ver el documental “Zeitgeist”, la tercera parte, “No te preocupes por los hombres detrás de la cortina”.

lunes, 21 de julio de 2008

Lo que podemos rescatar de Mercedes Bunz en "La utopía de la copia".

Utopía, copia, repetición.

Teniendo en cuenta el contexto anterior, se nos hace necesario establecer un punto de arranque. Debemos “reiniciar” nuestro “sistema operativo”. Tengamos en cuenta los últimos 18 años. Las formas de comunicarse, sin duda, han cambiado. A donde miremos nos encontramos con innovaciones tecnológicas y comunicacionales. Esto no es ninguna novedad. Debemos retener por un momento, la mirada en los cambios comunicacionales a nivel interpersonal. Y dentro de ellos nos debemos fijar en la reproducción de la información entre los individuos. La importancia reside en que la “fuente de la información” ya no proviene solo de un lugar central, las redes son dispersas. El flujo de las comunicaciones, y por tanto, de la información, es disperso. Hoy en día los usuarios más que nunca son “re-productores de información”, en el sentido de que pueden duplicar, copiar, la información. Y este refinamiento de la técnica implica un cambio de lógica. Lo que merodea por Internet es un fantasma, ese fantasma llamado Utopía.

Quien se refiere con bastante claridad acerca de la relación de la Utopía y la tecnología, en la forma de copia idéntica, es Mercedes Bunz. Teniendo en cuenta, como trasfondo, la disolución de los Estados Socialistas o comunistas, iconizados con la caíada del muro de Berlín, por un lado. Y por consecuencia, el pronunciamiento del “fin de las utopías”, por el otro. Bunz afirma “La política desfigura el presente con una inevitable lógica de la racionalidad. Transforma las utopías en programas”[1]. El rol de las utopías había sido “mantener en jaque el presente, para desordenarlo”. Pero con el capitalismo como vencedor indiscutido, el “fin de las utopías” ha sido sentenciado. Y por tanto, “Es justamente la utopía como promesa, la promesa como instancia performativa lo que hoy ya no tiene lugar[2]. (…) … la utopía se ha transformado en un terreno público abandonado”[3]. Sin embargo, y para pesar de algunos, las utopías no han muerto. Antes bien, deberiamos pensar que se han retirado, por decirlo de alguna manera. Recordemos que Internet es una herramienta que ha sido creada gracias a un conjunción, bastante numerosa, de técnicas. Internet como herramienta ha sido posible gracias al desarrollo simultaneo y paralelo, de las técnicas de comunicación modernas. Y en este desarrollo, en sus inicios, podemos encontrar un fulgor utópico. Sobre todo en relación a su masificación. Así como el lema de las “Panteras Negras” rezaba: “Power to the people[4]”, el tema de los inicios de la “red” sería: “Information to the people[5]”. Y de este fulgor, “Lo que se observa es que las ideas utópicas en el sentido de la tradición comunista reaparecen hoy en un lugar completamente distinto, como es el discurso en torno a lo digital.[6]”Es más, la utopía parece haber encontrado un nuevo lugar dentro de la red[7]”. La sentencia del fin de las utopías significó un inevitable “retorno a lo real”. Parasafraseando a “Morfeo”, personaje de la película “Matrix”, significó un “Bienvenido al desierto de lo real”[8].

Volvamos por un momento a la información, a su circulación, a su duplicación. Volvamos entonces a la copia. Según Mercedes Bunz, tiene una intrincada relación con la cultura. “Y esto de dos maneras: por un lado, las distintas técnicas de copia han determinado las posibilidades de una cultura y, por otro, el valor mismo que se le atribuye a la copia en un orden cultural ha ido mutando”[9]. Internet esta al nivel de creación de herramientas como la imprenta, y todo lo que significó en las formas de comunicación y difusión de la información. Y si la imprenta hizo posible la distribución de la información, a través de la copia autorizada, la novedad de Internet, y lo que sabemos es central como idea utópica, es que la distribución de la información deja de ser necesariamente a través de una “copia autorizada”. La técnica misma de “copiar” ha cambiado, surge la copia idéntica. Las copias digitales son idénticas. (…) Con la digitalización se vuelven irrelevantes el ajuste a una forma originaria y la unicidad de esa primera forma. (…)Con la copia idéntica se modifica la calidad de las relaciones establecidas entre original, copia y serie. (…) … la diferencia entre original y copia, el hecho de ajustarse a un modelo, es atacado por la duplicación de la copia idéntica”[10]. Para ejemplificar lo anterior, Bunz recurre al arte fotográfico como ejemplo. Es a través del “arte apropicionista” que podemos ver la incidencia de la copia idéntica en el arte. En la obra de arte, como la conocemos tradicionalmente, hay un orden: el original y luego la copia. En las obras modernas de arte, que podemos apreciar hoy en día, hay una co-autoria, por así decirlo. Lo que esta en relieve es la calidad de la autenticidad de las obras, la cual “ya no está reñida con la reproductibilidad técnica. Todo rasgo representacional asociado a una relación entre original y copia se suprime. (…). La lógica de la representación es disuelta por la lógica de la repetición”[11]. Y aquí encontramos el paso de “la representación” a “la repetición.

Volvamos ahora, por un momento, a los albores de Internet, de su masificación como herramienta de “acceso a la información” y de comunicación. Indudablemente en el ámbito de la comunicación, durante los años 90, el “e-mail”, o, correo electrónico, fue lo primero que nos deslumbró. Y en el ámbito de “acceso a la información”, como hemos visto, es la copia digital la que nos deslumbra. Del “e-mail” se han creado aplicaciones como MSN, entre otros. De la copia digital se ha creado el “FileSharing[12]”. Aplicaciones como MSN y sus variantes, ayudan en la organización de datos comunicacionales – cuentas de “e-mail” en primera instancia, y a través de ellas, la comunicación con los usuarios que las poseen, en segunda instancia. Aplicaciones como Napster y sus variables, ayuda a “organizar la falta de localización de los datos digitales[13]”, en primera instancia, y a la difusión y circulación de los datos, archivos de información, en segunda instancia. Centrémonos en Napster y el “FileSharing” por un momento. “Por estar organizado técnica y legalmente en relación con un centro, Napster fue atrapado por la lógica de la representación de la que, por otra parte, nunca había salido por completo. En cambio, aquellos programas que evitaron ajustarse a un centro …. y otros que sólo utilizan la técnica peer to peer[14] ( de par en par) y se organizan en forma de redes dispersas…[15]”, aun siguen activos. Esta es la diferencia entre como Napster, y Kazaa o Ares, que son aplicaciones descentralizadas. Sin embargo, lo centra aquí es que “La reproducción escapa a todo control porque la organización de la reproducción misma se vuelve a repetir”[16], constantemente. ¿Y que significa lo anterior? Pues significó que la atención se centrará desde entonces, de forma incisiva, en la propiedad, y en un tipo de propiedad en particular; a saber, la propiedad intelectual.

La difusión de música, su copia, es actualmente una realidad ineludible. Los programas “peer to peer[17]” son hoy lo que Napster fue en su época. A diez años del inicio de Napster, el mercado de los reproductores de música se ha establecido y expandido constantemente. Y esto gracias al formato de música conocido como MP3. Básicamente, música comprimida, de peso ligero, y por tanto, sumamente transportable y transferible. Se saltan así todas las normas en relación a los “derechos de reproducción”, y de autoría, como ya hemos apreciado. El “copyright”, el “derecho a la copia” es amenazado. La copia amenaza directamente a la propiedad. “La propiedad intelectual se destaca por su capacidad de ser copiada, reproducida. Y esa capacidad representa una instancia de peligro para la concepción de propiedad[18].” Lo que podemos apreciar en la difusión de la música, es que la copia idéntica “irrita la concepción tradicional de creación artística, y más aún: irrita la concepción clásica de trabajo que se transforma en propiedad.[19] ” Al ser imposible detener la reproducción técnica de la copia, la propiedad intelectual se vuelve central. Y “En cierto sentido, la instancia de la censura en el copyright, en tanto “derecho a la copia”, en cuanto autorización real de poder reproducir algo, ha dejado de ser una censura política y se ha convertido en una censura económica. Haciendo uso de la ley, esta censura intenta impedir una repetición al encerrarla…. (...)…., al tratar de avasallar la repetición inherente a toda propiedad intelectual, como lógica descendente y suplementaria: porque no existe lo que no tiene autorización para existir[20].” ¿Quiénes son entonces los que autorizan lo que puede existir? ¿No son acaso aquellos que se apropian del trabajo, del objeto producido?

Recordemos brevemente la concepción de alienación, o, enajenación de Marx, respecto al trabajo. Tradicionalmente la alienación descrita por Marx relata que los trabajadores estan alienados por que no trabajan para satisfacer sus necesidades, no trabajan para si mismos, y para aceptar esta condición se vuelven trabajadores asalariados, este el primer movimiento. Lo anterior produce que los trabajadores asalariados sean alienados del objeto mismo de su trabajo, por tanto, no se reconocen en él. Recordemos es propiedad del capitalista y este puedo hacer con el lo que le plazca, este es el segundo movimiento. Además, las relaciones de trabajo entre trabajadores asalariados es fragmentada, según el ejemplo clásico de la producción en serie, la correa de montaje, no hay cooperación solo producción de los trabajadores. Estos últimos se vuelve piezas cambiables dependiendo del tipo de trabajo que realicen, este es el tercer movimiento. Y el cuarto momento completa la enajenación, los trabajadores están alienados de sus propias capacidades, las capacidades de los trabajadores son invertidas en la producción, los trabajadores por tanto están enajenados de potencial personal, si se prefiere humano. Los que nos debe llamar la atención acá es el segundo movimiento, el momento en que el trabajador es alienado de su objeto. El momento en que el capitalista se “apropia” de él, y de un valor en el mercado dependiendo de su uso, y de su cambio. ¿Qué relación tiene esto con la copia idéntica? La copia idéntica digital, nos anuncia a gritos un punto de fuga en este proceso de alienación. Puesto que encontraríamos en él su contradicción, su propia superación. Este punto de fuga es lo que Bunz reconoce como una “exterioridad para sí” de los objetos creados.

Esta “exterioridad para sí” de los objetos, este punto de fuga, indica la independencia de los objetos respecto de quienes los producen – los trabajadores, por un lado, y de quienes intentan apropiarse de ellos – los capitalistas. Sabemos que los objetos son puestos en el mercado con un precio, que depende de su valor de uso y de su valor de cambio. Lo que se hace trizas con la copia idéntica en la concepción tradicional de propiedad en el proceso de trabajo. “Porque, además, el valor que el trabajo ha puesto en la materia debe conservar su valor en ausencia del productor, artista o trabajador, como una “exterioridad existente para sí” en otro lugar, en posesión de otro, casi en otro contexto.[21]” El objeto crea sus propias condiciones de repetición, “en otro lugar, en posesión de otro”. “La independencia de la forma, su estabilidad fuera de mi alcance, una estabilidad que no es otra cosa que su potencial repetición, está basada en la diferencia.[22]” Podríamos pensar que la copia idéntica debería borrar la diferencia pero, “La copia idéntica no borra simplemente esa diferencia, al contrario: tiene lugar en el interior de la diferenciación. (…) La diferencia sigue existiendo, porque se trata de dos copias, aunque realmente no haya diferencia entre ellas.(…) Produce diferencia sólo a través de la repetición de datos idénticos. La novedad esencial reside en la inexistencia de una oposición. La oposición entre original y copia es reemplazada por la duplicación”[23]. En este punto podemos apreciar que el fulgor utópico de Internet tiene su propio destello. Es esta la importancia de la copia idéntica digital, pone en entredicho no solo la tradicional visión sobre la autoria de una obra, sino que sobre la propiedad misma. En el momento en que los trabajadores son separados de los objetos que producen, en el momento en que son apropiados por el capitalista, vale decir en la alienación. “Y precisamente en esa alienación, precisamente en ese “nunca poder lograr nada” de la apropiación se esconde un elemento de resistencia contra el capitalismo, se esconde la posibilidad de hacer visible la trampa de su lógica suplementaria. La propiedad no es algo que les corresponda naturalmente a las personas.[24]” En este momento, el fulgor utópico convertido en destello se transforma ahora en luz. La copia idéntica nos alumbra a gritos un hecho del cual hemos hecho la vista gorda durante mucho tiempo, repitámoslo para que no pase, “la propiedad no es algo que les corresponda naturalmente a las personas”.

Volvamos ahora a la propiedad intelectual y su relación con la programación de software, por ejemplo. Recordemos que Bunz nos ha hablado de una “progresión sin centro”, ¿Cómo es posible esto? Veamos como el software altera la producción, primero en el tiempo, y luego en la propiedad. La programación tradicional de software se basa en la utilización de códigos y protocolos. Por lo general, el software es protegido bajo la forma de propiedad intelectual conocida como “Licencia”. Y de esta manera, para que se pueda efectuar una actualización al software, cualquiera sea su mejora, es necesario tener la “primera versión”, conocido por lo general, como “Programa X: Versión 1.0”. El primer cambio que introduce el “software” en el tiempo, es que nunca se entrega un trabajo final, sus actualizaciones son constantes. De esta manera, “la producción de software se rige por el principio de no proveer nunca un producto terminado sino sólo una versión. (…)El cambio continuo es uno de los principios internos del software y es el que asegura su función”[25]. El software que conocemos, tradicionalmente, funciona de esta manera con un código cerrado, el que le permite controlar la copia de su producto, entregando versiones oficiales por tanto, y asegurando su función. Muy por el contrario, el software que funciona con “Open Source[26]”, garantiza la mejora constante del software de otra manera, no oficial. El código fuente original es publicado para que otros usuarios puedan modificarlo y volver a distribuirlo. De esta manera, las actualizaciones del software pueden ser realizadas por los usuarios, quienes de forma mucho más rápida que la tradicional, mejoran el software. Bunz se refiere a esto cuando afirma que el código abierto “no sólo inscribe la posibilidad de la repetición como el estatus del programa, sino que también establece el principio de una progresión en el plano temporal. Recién entonces puede la reproducción escapar a los últimos restos de la representación, recién entonces la reproducción se instala en el interior del código, en el interior mismo de la tecnología para redefinirla según una lógica de la repetición, según una progresión sin centro, y desplegar así el potencial utópico de la copia idéntica”[27]. Como podemos apreciar el software nos sirve como ejemplo de la “progresión sin centro”. Cambia el tiempo de producción dilatando el proceso del mismo, no entregando un producto final. Además, la propiedad intelectual parece estar dando un giro, o por lo menos retomando el aire, con la creación de software con código abierto, una iniciativa que ya lleva diez años. Hemos de esperar que de aquí a poco los frutos puedan ser cosechados.

Retorno a la Utopía 2.0

Hemos visto como la Utopía, su fantasma, marca presencia en Internet. La copia, la propiedad, la reproducción, la representación y la repetición son los nodos que conforman su red. La propiedad intelectual trata de imponer la lógica del original y la copia pero le es, como hemos visto, imposible. El capitalismo no ha escatimado esfuerzos en su afán de apropiarse de la tecnología digital. Sin embargo, no olvidemos que es el mismo capital el que ha llevado la copia al estado que hemos visto acá. Si se ha sentenciado el fin de las utopías, deberíamos sentenciar también el fracaso de la apropiación de la tecnología digital por parte del capital. Como hemos afirmado ha habido un cambio de lógica, de la representación a la repetición, entra en juego la técnica de copia. El desarrollo económico del capital ha creado en el desarrollo tecnológico la posibilidad de la copia idéntica digital. Hemos visto como la copia despliega su potencial utópico poniendo en entredicho cuestiones centrales en ámbitos como: el trabajo, la propiedad, el tiempo, entre otros. Podemos hablar entonces de una “era digital”, como la era de la copia idéntica. Y esta última, encuentra su lugar utópico en Internet. La copia idéntica digital de Internet “Ha atacado la lógica dominante de la economía demostrando que existe un lugar donde las cosas funcionan de otro modo, cuestionando así el orden acostumbrado y supuestamente “natural”. (…) La copia idéntica puede ser leída como un signo utópico: las reglas no seguirán siendo iguales porque hay un lugar, un lugar u-tópico, un lugar sin localización, que interrumpe esas reglas.[28]” Este es el fantasma de la Utopía que ronda en Internet. La utopía de la copia.


[1] Bunz, Mercedes, “La utopía de la copia: El pop como irritación”, “Primera Parte: La utopía de la copia”, Pag., 11 y 12, “Editorial Interzona”, Buenos Aires, Argentina, 2007.

[2] Slavoj Zizek habla de algo muy parecido al principio de su documental.

[3] Ibidem, Pag., 11 y12.

[4] “Poder para la gente”.

[5] “Información para la gente”.

[6] Ibidem, pag., 11 y 12.

[7] Ibidem, pag., 11 y 12.

[8] Slavoj Ziziek titula así un capitulo del libro “A propósito de Lenin”.

[9] Ibidem, Pag., 16.

[10] Ibidem, pag., 16, 17, 18 y 19.

[11] Ibidem, pag., 16,17,18 y 19.

[12] Literalmente: “Compartiendo Archivos.

[13] Ibidem, pag., 19 y 20.

[14] Esta técnica no depende de una “central” desde donde se redireccionan los archivos, en cambio, la información fluye solo cuando los usuarios están conectados, no hay un punto de almacén central de la información. Las redes creadas de esta manera son esporádicas pero repetibles, y en la repetición esta la posibilidad de encontrar la información que se precisa, o, en este caso, el archivo de música que se desea.

[15] Ibidem, pag., 19 y 20.

[16] Ibidem, pag., 19 y 20.

[17] De “par a par”.

[18] Ibidem, pag., 60.

[19] Ibidem, pag., 61.

[20] Ibidem, pag., 60.

[21] Ibidem, pag., 62.

[22] Ibidem, pag., 63.

[23] Ibidem, pag., 16,17,18 y 19.

[24] Ibidem, pag., 63 y 64.

[25] Ibidem, pag., 21 y 22.

[26] Código abierto, se refiere al software distribuido y desarrollado libremente, ya que su código fuente original es compartido.

[27] Ibidem, pag., 21 y 22.

[28] Ibidem, pag., 22 y 23


Escrito por Rodrigo Díaz.