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viernes, 13 de febrero de 2009

Continuacion...."Sobre la informacion"





Flujo/Información: Zonas

Señor Burns


“Bien, es hora de ganarse el aprecio de esos detestables imbéciles.
Primer paso, formar un imperio de medios”[1].


Retornemos a los flujos de información. Recordemos que se ha producido un cambio de la lógica de la representación a la lógica de la repetición. Y siendo así, tienen que haber cambios en las lógicas políticas en las cuales se soportan. Scott Lash expresa con claridad que serían tres cambios fundamentales. Lo nacional se cambia por lo global, de lo industrial se pasa a la lógica de la información, y de lo social se pasa a lo cultural. La representación se caracterizaba por lo nacional, lo industrial y lo social, como políticas de soporte. Hoy en día, la lógica de la repetición se caracteriza por lo global, la producción “informacional” y lo cultural, como políticas de soporte. Abordemos estos puntos brevemente:

· Nacional/Global: tanto en economía como en política y cultura lo central es la globalización, el multiculturalismo, el cosmopolitismo. Cada vez más naciones distintas firman acuerdos económicos entre sí. El ejemplo básico es el “TLC”. Las políticas se basan en las relaciones exteriores y en el Derecho Internacional. El ejemplo básico son las leyes migratorias que se han y están estableciendo, a nivel planetario.
· Industrial/Informacional: la producción adopta un carácter informacional. El ejemplo básico es el “software informático”. Los medios de producción se vuelven cada vez más tecnológicos, y paulatinamente se han desligado de los trabajadores. Esto no quiere decir que la producción industrial ha desaparecido, sólo indica que la producción se ha concentrado, cristalizada en la información – de ahí la “informacionalización” -, y su soporte es la tecnología. Y como hemos visto la información fluye dispersa y fragmentada. Por lo tanto, la producción también lo es. El poder puede a través de lo global y lo informacional conseguir la mano de obra más barata en cualquier parte del mundo y apropiarla.
· Social/Cultural: hemos afirmado con anterioridad que la llamada “crisis de la instituciones” se debe, en parte, a que ya no hay aparatos ideológicos del Estado, sino “aparatos remotos culturales”. Ya no se “vuelve a poner en la agenda las normas sociales y procesales, sino lisa y llanamente los valores culturales”[2]. En los flujos de la información encontramos, hoy más que nunca y repetitivamente, bienes simbólicos y culturales. Las crisis de las instituciones se deben a que sus estructuras no necesitan de las viejas formas de represión[3], el control se ha sofisticado, conformándose con seguir las huellas con que producen a los sujetos.

Si lo social es ahora lo cultural, ¿Cómo afecta esto a los movimientos sociales? No es ninguna novedad que los “nuevos movimientos sociales” se han fragmentado en focos de resistencia, no hay un trascendental que les de sentido. Cada nuevo grupo social está centrado en la reivindicación de un fragmento, de un nicho; el nicho en el cual el nuevo movimiento social es inscrito. A veces la denominada “anti-globalización” parece apropiarse de los nuevos movimientos sociales fragmentados pero estos no se dejan inscribir bajo ella. Son más rápidos, no lineales y se caracterizan por la formación en redes informales, al contrario de una jerarquía rígida, donde lo afectivo es la regla. Otra característica es que en ellos, en los nuevos movimientos sociales, los “medios” y los “fines están encarnados. Recordemos, como hemos visto antes en la teoría y praxis. No hay reglas de acción, sino valores culturales apropiados. Los nuevos movimientos culturales se asemejan mucho al funcionamiento de los “colectivos”, una especie de “colectivos culturales políticos” que se reflejan por los flujos de la información. En este sentido, su función se asemeja al de la “secta”, más que a la “comunidad” social. La constitución de nuevos movimientos sociales, al estar fragmentada, constituye pequeños grupos, caracterizados por la movilidad y flexibilidad de sus lazos constitutivos. Un lazo cultural, no social, que está mediado por la interfaz tecnológica, por lo tanto, altamente impersonal, informal y a distancia. Y aun así es intensamente afectivo. Su duración es efímera, y por lo general son fáciles de disipar. Muestra de ello son las migraciones. Ciudadanos que cambian de país y se convierten en formas culturales tecnológicas de vida, chicas y flexibles pero que son inscritas en valores y lazos afectivos. La comunidad chilena, por ejemplo, en Australia, en Suecia, en España, y así sucesivamente (entre otros). Muestra de ellos son, como hemos dicho, los nuevos movimientos sociales (culturales).

Por ejemplo, el “Comunismo Libertario” (Kropotkin), también conocido como “Anarco/Comunismo”, “Comunismo Anarquista” o “Comunismo Libre”, etc. El Anarco/Sindicalismo (Malatesta), “Sindicalismo Revolucionario”. Socialismo libertario (Bakunin) o el Anarco/Individualismo (Max Stirner). El Anarquismo/Mutualista (Proudhon) o el federalismo anarquista, el feminismo libertario, el Anarco/Pacifismo, etc., por nombrar algunos. Actualmente los nuevos movimientos culturales funcionan como “escuelas”, como sectas, como colectivos. Por lo menos esto es lo que podemos apreciar de las distintas ramas del anarquismo, movimiento cultural y político. Quizás el factor cultural queda expuesto con mayor claridad si visualizamos los símbolos culturales de los “colectivos”. Como sea, los nuevos movimientos sociales son formatos políticos en la actualidad, no importa que tan fragmentados estén o lo efímero de su constitución y la fugacidad de su duración. Y es muestra de cómo se despliega la resistencia desde las culturas tecnológicas. En palabras de Scott Lash: “Estas formas sociales intensivas de menor escala pueden constituir (…) la base de una cultura política verdaderamente radical”[4].
[5]




Veamos a continuación cuáles son las “zonas” por las cuales fluye la información. En los flujos de la información, más que la explotación, se juega la exclusión como forma visible de desigualdad. Porque, recordemos, los flujos son globales. Por lo tanto, la desigualdad se juega en el “acceso a la información”, y a la vez, en la utilidad que hacemos de la información que fluye. Y el acceso de la información, hoy en día, depende de la “zona” de los flujos de información. Cuando la zona por donde fluye la información es “intensa” podemos hablar de “zonas vivas”. Y cuando los flujos son intensos, son sólidos, pero elevados en el aire, como hemos dicho con anterioridad. Por lo tanto, resulta pertinente hablar de “zonas (vivas) domesticadas”. Cuando los flujos son intensos pero no sólidos podemos hablar de “zonas (vivas) silvestres”. Así como hay zonas vivas, también encontramos “zonas muertas”. Ambas se refieren al espacio en el que se da el flujo de información, se refieren a la manifestación de los flujos en zonas, donde puede o no haber flujos. Por otro lado, las “zonas domesticadas y silvestres” se refieren a los espacios identitarios, es decir, a la utilidad que los usuarios realizan de la información a la cual pueden acceder, dependiendo de la zona socio/espacial donde se encuentren.

“Zonas: Vivas/Domesticadas”: en ellas el espacio identitario en cierto sentido es constante. En ellas podemos encontrar a la “supraclase”, cuya particularidad es el capital informático, la clase media-alta que representa el cambio de lo industrial a lo informacional. La identidad es constantemente “vivida”.

“Zonas: Vivas/Silvestres”: por ella fluye el capital cultural. Son zonas característicamente relacionadas con Universidad, intelectuales, escuelas de arte, de cine, de danza, música, etc., por nombrar algunas. Los flujos de ideas, como de información son acelerados. En esta zona, el espacio identitario es inestable. La identidad es constantemente formulada.

“Zonas: Muertas/ Domesticadas”: la más conservadora de las zonas de flujo de informaciones. En esta zona el espacio identitario es amenazado por los flujos globales de información, porque la identidad es tradicional. La identidad es constantemente defendida. Estas zonas son caracterizadas por la vida del campo, las pequeñas ciudades y comunidades interestatales que se encuentran lejos del centro del flujo de la información.

“Zonas: Muertas/Silvestres”: caracterizada por la movilidad, esta zona está integrada por todas las minorías migratorias que se producen en la actualidad. El espacio identitario es fluido y disperso. La identidad es constantemente multicultural. Es la infraclase, la mano de obra barata inmigrante de otras naciones, en Estados Unidos, los mexicanos, en Chile los peruanos, y así sucesivamente.

Encontramos de esta manera en las zonas vivas y domesticadas a la “supraclase”, aquella elite integrada a los flujos de información, y con un conocimiento bastante amplio sobre ellos. La “supraclase” es la elite que circula en los beneficios de la globalización económica e informacional. Esta elite es genérica, porque encuentra semejanza en el exterior (la elite del arte de Nueva York tiene más en común con la elite del arte francesa y así sucesivamente). Esta “supraclase” como elite global tiene un espacio identitario estable pero exteriorizado, tanto en los mercados internacionales, como en la similitud entre las elites a nivel global. Esta elite, esta supraclase, como hemos visto, es global y no nacional, informacional y no industrial, cultural y no social. La supraclase se incluye y se identifica a sí misma, en la dispersión de la información, en los flujos globales de la misma. Esta elite se autoexcluye del resto, en especial de lo nacional, y la autoexclusión de una elite global es la exclusión forzada de miles y miles de individuos y personas. La infraclase es excluida de manera violenta y forzosa. De esta manera las masas de inmigrantes son reducidas a esta infraclase. Y no sólo los inmigrantes, en parte, y con la precarización y flexibilización todos formamos parte, en potencia, de esta infraclase, en cierto sentido todos somos desempleados en potencia. Bueno, todo lo anteriormente expuesto pretende establecer los trazos de la cultura global de la información. Los individuos dentro de esta cultura global de la información pueden moverse a través de las zonas de flujos de información, mientras más al centro del torrente, menos diferencia habrá. Las mayores diferencias y desigualdades se encuentran, por supuesto, en la periferia. La informacionalización trae consigo un enorme excedente de exclusión, determinado en el acceso a la información y en el uso que los individuos realizan del mismo. “Estamos ante un poscolonialismo del movimiento, la contingencia, de los flujos, de las articulaciones y las desarticulaciones, de los objetos y los sujetos, de las comunicaciones. Un orden de la información que es al mismo tiempo un desorden: una dialéctica crónica de desorden, reordenamiento y nuevo desorden.[6]”

Por tanto, ¿Qué queda entonces para el desarrollo cultural? Pues bien, los cambios en la cultura global de la información se dan, como hemos visto anteriormente, bajo una suerte de “reformateo” constante y acelerado. “No parece seguir los ritmos, la temporalidad del tiempo homogéneo de los relojes, el tiempo de los ciclos económicos y las olas prolongadas.[7]” El “reformateo” funciona como un asunto de constante olvido y al mismo tiempo, un asunto de constante aprendizaje. “En efecto, disuelve instituciones con igual o mayor frecuencia que se apoya en ellas para construir. Desintegra y reconfigura bloques de poder en vez de construir a partir de sus cimientos o aprender de ellos. En rigor, tal vez no tenga mucho sentido hablar de desarrollo cultural[8]” [9]. La temporalidad de los cambios en la cultura global de la información no sigue los patrones tradicionales, más bien se basa en el flujo de imágenes e ideas de manera confusa, sin un horizonte trascendental claro, -como hemos visto- en los nuevos movimientos sociales (culturales). Lo central no es el discurso o la metanarración ideológica, sino más bien, el cúmulo de símbolos culturales, ya sean cargados o vaciados de politicidad[10].

Veamos por tanto, la importancia de los símbolos culturales, brevemente. Por un lado nos encontramos con símbolos culturales cargados afectivamente, los cuales se configuran en “prácticas simbólicas. Por otro lado, los símbolos vaciados son semióticos, no se configuran en las “prácticas simbólicas”. Los signos se configuran en referencias, a marcas[11] y objetos, son diferentes a las prácticas simbólicas. La cultura global de la información no se rige por los símbolos locales, símbolos encarnados en prácticas. La cultura global de la información se rige por signos globales, y por lo tanto, semióticos. Un ejemplo de ello lo podemos encontrar en la música pop. La agrupación de música, actualmente, es conformado por integrantes, los cuales pueden aportar numerosos signos semióticos, otrora signos culturales, e incluso de las subculturas. Así, un integrante de una banda de música puede tener los “dreadlocks” característicos del reggae, otro puede tener los ojos delineados, característicos del “New Wave” de los ochenta, otro puede tener los pantalones rasgados y el “look” del punk, y otro puede tener la chaqueta de cuero y el “look” de los rockeros, por sólo nombrar algunos. Sin embargo, la importancia en la conjunción de estos signos semióticos es que ninguno representa la carga afectiva de subversión y rebeldía que les caracterizaba. Hoy esta conjunción se conoce como la tendencia o el estilo del “radical chic”[12]. “El inconveniente, en el orden semiótico global[13], estriba en que la cultura se ha apartado de la práctica”[14]. Y esto se debe en parte a que: “la cultura misma queda sometida a la lógica de la acumulación”[15]. La cultura se ha convertido por tanto en un cúmulo de signos semióticos que, al igual como hemos visto con el arte, se vuelven productivos para el poder mismo. Las prácticas simbólicas características de las culturas tradicionales, se vuelven “habitus” en el sentido que Bourdieu planteara; las culturas se vuelven “estilos de vida” que encontramos en las páginas de revistas comerciales bajo el rótulo “Lo oriental se vive en Ripley”, por poner un ejemplo básico. Si la cultura es sometida por la lógica de acumulación, entonces es factible, hoy más que nunca, hablar del flujo de capitales culturales, que como dijera Boudieu son parte constitutiva del “habitus” de los individuos – sin dejar de lado el capital económico por supuesto.

Volvamos ahora, para cerrar este punto, a los nuevos movimientos sociales. La cultura política de estos ya no se encuentra en los derechos de la sociedad civil nacional, como hemos visto, lo central son los derechos internacionales globales[16]. “No está constituida por asociaciones, sino por sociaciones mucho menos formales y con lazos más afectivos. Las asociaciones se basan en los individuos y la membresía. Las sociaciones se basan en el reconocimiento mutuo y no en la membresía sino en la pertenencia”[17]. Las sociaciones pueden ser la característica de Estados Unidos, pero en la periferia, en Latinoamérica, estas formas debemos reconocerlas, de preferencia como “colectivos”. De esta manera sería más pertinente hablar de “colectividades virtuales” en vez de “comunidades virtuales”. Las colectividades virtuales que reconocemos en Internet funcionan según las características de las “sociaciones” de Lash. Son menos formales que las comunidades, su lazo afectivo es intenso, y se basan en la pertenencia a un grupo, pequeño, móvil, por tanto a una colectividad, no a una comunidad – en donde lo primordial es la membresía a ella. Las “colectividades virtuales” de Internet, se basan en “el lazo afectivo, la innovación de significados rituales y compartidos, el reconocimiento basado en la coproducción de horizontes”[18]. Los nuevos movimientos sociales se forman con mayor claridad en las “zonas silvestres” de flujos de información; zonas en donde el espacio identitario es más inestable que en las zonas domesticadas de flujos de información, las cuales ya hemos descrito. En resumen, “La cultura informacional global y la lógica de los flujos erosionan las bases nacionales – organizativas y asociativas – de la esfera pública y la sociedad civil. Así, una política radical de la esfera pública y la sociedad civil puede ser cada vez más insostenible.[19]”



[1] Capítulo de la serie animada, “Los Simpsons”, titulado “Noticias Engañosas”, es el número 22 de la quinceava temporada.
[2] Ibidem, Pág., 61.
[3] Abordemos brevemente una institución social como el conocido “Hospital Psiquiátrico”. Actualmente su figura se ha sofisticado, es vista en crisis. Sin embargo, la disolución del hospital psiquiátrico es más bien su fragmentación en “casa de acogida”, o “centros de acogida” de enfermos mentales. En el futuro quizás serán las enfermedades mentales un tópico central en materia de salud pública, sino la más importante. Lo cierto es que la institución social, “Hospital Psiquiátrico” ha sofisticado su función, entrando en crisis. El “sofisticar” es entendido como el dar artificio a algo adoptando técnicas o criterios más complejos; la fragmentación del hospital psiquiátrico como forma compleja de artificio en torno a la enfermedad mental.
[4] Ibidem, Pág., 62.
[5] http://es.wikipedia.org/wiki/Imagen:Anarchist_flags_and_stars.svg
[6] Ibidem, Pág., 28.
[7] Ibidem, Pág., 67.
[8] Ibidem, Pág., 66.
[9] Esto se asemeja a una idea de reformatear constantemente el inconsciente, de reiniciarlo al igual que un ordenador después de un virus o algún problema, borrar toda la información que contenía e iniciar de nuevo la memoria con información que se tenía.
[10] La posibilidad de volverse políticos.
[11] Los signos semióticos se vuelven iconos.
[12] Descrito por Mercedes Bunz, el “radical chic” es la moda radical de ciertos grupos juveniles. En los cuales se mezclan una serie de símbolos culturales vaciados de significado subversivo.
[13] Más adelante veremos como Franco Berardi Bifo se refiere sobre el “SemioCapitalismo”.
[14] Ibidem, Pág., 69.
[15] Ídem.
[16] Los Derechos del niño, de la mujer, de los homosexuales, de los inválidos, etc., por nombrar algunos.
[17] Ibidem, Pág., 71, 73 y 74.
[18] Ibidem, Pág., 71, 73 y 74.
[19] Ibidem, Pág., 71, 73 y 74.

domingo, 12 de octubre de 2008

Continuación...."Sobre la información"


c) Compresión/Aceleración/Expansión: No-linealidad.

Señor Burns
Así que, ¿Qué piensas de las estrellas de la música de hoy?

Lisa Simpson
Que distrae a las personas de los asuntos sociales importantes[1].

Siguiendo los rastros de Scott Lash podemos distinguir que la cultura tecnológica es no lineal. Las formas de vida que la componen no lo son. Para ello, debemos tener en cuenta las características de la información, a saber, la compresión, la aceleración y la expansión.

Compresión: como hemos afirmado con anterioridad, la información es comprimida en “bits”. Pero además, “las unidades lineales de sentido, como la narración y el discurso, se comprimen en formas de significado abreviadas, no extendidas y no lineales, como las unidades de información y comunicación.[2]” Recordemos que en los flujos, la información fluye de manera dispersa.

Aceleración: la tecnología hace posible que los mensajes, que la información, llegue a velocidades instantáneas. Como hemos visto, esto no deja tiempo para la reflexión pero además, se excede “lo lineal” en los acontecimientos, mayormente contingentes y cotidianos. Una vez comprimida la información, la aceleración excede la linealidad, no la suprime ni la rechaza. Lo lineal es excedido, de ahí “no lineal”, más bien se conforman mosaicos.

Expansión: “La cultura tecnológica es una sociedad red”[3], se encuentra por tanto expandida en posibilidad de sus distintas conexiones. “El vinculo espacial y el lazo social se rompen luego se reconstituyen como enlaces de redes no lineales y discontinuas”[4]. Si antes los lazos sociales se sostenían en los mitos de origen, hoy en día eso ha cambiado. Antes bien, el lazo social está sostenido, actualmente, en “comunicaciones”: “el llamado telefónico, el partido de fútbol televisado para todo el planeta, el último intercambio de e-mails”[5].

Los flujos de información implican flujos de comunicaciones. Internet, entre otras herramientas, funciona con flujos globales de información y comunicaciones. Esto no es ninguna novedad. Lo que nos debe llamar la atención es que la cultura tecnológica es multicultural. El mundo se configura como un mosaico de países, cada uno con una cultura particular. Las culturas son puestas en circulación, son comunicadas, como hemos dicho ahora son conocidas a distancia, caemos en la cuenta de que la reducción de la distancia, en las comunicaciones y las informaciones, nos conlleva a encarar las culturas antes distantes. Cuando se han abierto virtualmente todas las fronteras culturales caemos en la cuenta de que las mayores diferencias son culturales. Las culturas tecnológicas en tanto multiculturales “no implican la asimilación a una norma occidental, sino el ponerse en el lugar del otro concreto y particular, según la idea de Hannah Arendt. El multiculturalismo alude aquí no sólo al carácter (en mosaico) de un territorio geográfico dado. También se refiere a la identificación plural de individuos móviles y contenidos en redes transnacionales.[6]”

d) Espacios genéricos.

Lo otro que nos debe llamar la atención es la característica que herramientas como Internet denotan. Por un lado, la “no-linealidad”, por el otro la connotación “genérica” de su topología. Internet es un espacio genérico, lo cual quiere decir, y como obviamente podemos apreciar, que no es ningún lugar en particular. Las redes están ahí pero no ocupan ningún lugar particular, se pueden volver a repetir. La red no es algo que podamos indicar con una particularidad topológica, porque todos somos la red. Se pueden armar redes por momentos efímeros, fugaces, entre lugares equidistante a una velocidad instantánea. Las redes son genéricas. Otro ejemplo, más tangible de espacios genéricos son los aeropuertos, los aviones, los hoteles, los malls, las tiendas de marcas repartidas alrededor del mundo, por nombrar algunos. La información, como hemos dicho, está desarraigada, Internet como plataforma de su flujo también lo está. Apenas podemos imaginar las redes como “lugares o espacios en el aire”, suspendidas. Materialmente las redes pueden fluir en los cables eléctricos, de los postes en la superficie o en los subterráneos, por debajo del agua, o satelitales, o como la conexión inalámbrica nos muestra, sencillamente a través del aire. La cultura tecnológica es genérica y “es puesta en el aire”.

Otro espacio genérico, de importancia, es el laboratorio. Podemos decir que el laboratorio es un espacio genérico, en el sentido de que produce actualmente, prototipos de numerosas herramientas tecnológicas. Vemos que teoría y praxis son hoy inseparables, en el ámbito de la ciencia, esto se traduce en investigación y desarrollo al mismo tiempo, in situ. “En primer lugar la ciencia desciende, por así decirlo, de su autonomía pura para convertirse en tecnociencia. Segundo, constatamos el ascenso de las relaciones sociales cotidianas para transformarse, también ellas, en formas de vida de laboratorio.[7]” La visión de Bunz y Lash se entrecruzan nuevamente con respecto al arte. En el campo del arte es reconocida la figura del “estudio”, y los estudios también producen prototipos, además también implican una “co-autoría”. Asunto que ya hemos abordado con Bunz y que Lash resume así: “Como la ciencia, el arte desciende de su autonomía para convertirse en tecnoarte y vender sus prototipos en el mercado.[8]” Y en este punto debemos retornar a la discusión de la propiedad intelectual, esta vez desde la visión de Lash.




e) Retorno a la Propiedad Intelectual 1.0

Pues bien, como hemos afirmado, los laboratorios científicos y los “estudios de arte”, producen prototipos. Esto últimos amparan los derechos de propiedad intelectual en la figura del “copyright”, en el derecho a la copia – un ejemplo básico son las compañías que producen “software informático[9]”. Debemos distinguir, sin embargo, el “copyright” de la “patente”. Los prototipos materiales se patentan, los prototipos de los laboratorios científicos[10]. Los prototipos simbólicos usan el “copyright”, los prototipos de los estudios de arte. La patente restringe la producción material, digamos por ejemplo, de un cierto medicamento. El “copyright” restringe la copia idéntica digital, por ejemplo, el del sistema operativo del software “Windows”. Ambas, sin duda, son formatos de la propiedad intelectual hoy en día. La propiedad intelectual al intentar restringir la copia idéntica digital es puesta “en el aire” también, porque su reproducibilidad[11] está en la red. Tradicionalmente la propiedad “se basa en la acumulación de capital; la propiedad intelectual, en la acumulación de información.[12]” Debe llamarnos la atención, en este punto, la concordancia de la visión de Scott Lash con Mercedes Bunz, la cual queda explicitada en lo siguiente: “La propiedad intelectual se basa en la acumulación de diferencia. Todo prototipo debe ser diferente del anterior. La propiedad intelectual se basa en la acumulación de símbolos y significado. Para que haya significado, debe haber una diferencia inteligible. (…) Hoy, la producción implica la invención crónica, la repetición crónica de la diferencia. La patente es la invención crónica de lo real; el copyright, la invención rutinaria de lo imaginario.[13]” La “invención crónica” es la “tolerancia productiva”, por tanto una lógica de la repetición. Si la propiedad intelectual se acumula en información y ésta se basa en la diferencia, la copia idéntica digital, es la máxima expresión de la posibilidad de la “diferencia inteligible”. Las compañías de software, no entregan un producto final, sólo versiones del mismo producto; diferencias en sus “actualizaciones”. Por tanto, “todo prototipo debe ser diferente del anterior”. La patente restringe la producción material y al mismo tiempo es “la invención crónica de lo real”. El “copyright” restringe la copia idéntica digital y es “la invención rutinaria de lo imaginario”. Nos cabe destacar otro aspecto de la propiedad intelectual: la marca registrada. A diferencia de la propiedad intelectual de la “patente” y el “copyright”, la marca registrada como formato de propiedad intelectual no tiene como soporte un prototipo. La marca registrada se configura en “el nombre” o “el logo”, no en el prototipo. Las marcas registradas son la instancia posterior a la patente y el copyright, se configuran una vez que el prototipo es puesto a disposición del público. La marca registrada produce valor como propiedad intelectual autorizada para existir. “La propiedad de una marca registrada prohíbe a todos los demás valorizarla.[14]” Actualmente, los “estudios de arte”, también se dedican a mejorar las marcas, aprovechando para ello la fusión entre arte y moda, que ya hemos abordado.

[1] Capítulo de la serie animada, “Los Simpsons”, titulado “Noticias Engañosas”, es el número 22 de la quinceava temporada.
[2] Ibidem, Pág., 46.
[3] Ibidem, Pág., 49.
[4] Ídem.
[5] Ibidem, Pág., 50.
[6] Ibidem, Pág., 50 y 51.
[7] Ibidem, Pág., 53.
[8] Ibidem, Pág., 53.
[9] Quizás la figura del software informático sea la más adecuada para ejemplificar el trabajo cognitivo, puramente informacional.
[10] Quizás la figura del laboratorio farmacéutico sea la más adecuada para ejemplificar la propiedad intelectual en forma de “patente”.
[11] Posibilidad de reproducción.
[12] Ibidem, Pág., 54.
[13] Ídem.
[14] Ibidem, Pág., 57.

miércoles, 10 de septiembre de 2008

Sobre la información: Contornos de la cultura global de la información



a) Introducción

Marge Simpson
¿Por qué no publicas tu poema?
Lisa Simpson
¿Publicarlo yo misma? Ay, porque no, podría escribir todo un
periódico dedicado a la roca. Seria una editora como “Katherine Graham”[1].

A lo largo de este escrito nos hemos referido con soltura a los flujos de información, sin ahondar mucho en el tema. Debemos ahora, por un momento, pensar en la información, en sus flujos y en la forma actual que manifiesta, aceleración y compresión en primera instancia. En una segunda instancia, quizás la más afectada de estos cambios, está la “reflexividad”, la reflexión. De los flujos de información podemos reconocer “zonas vivas y muertas”, “domesticadas y silvestres”. Si la información fluye tiene que tener un soporte que se lo permita, y ese soporte -al parecer- desde siempre ha sido la tecnología, la técnica si se prefiere. No es novedad, la tecnología es una pieza central en la actualidad. Veremos más adelante la conformación de “formas tecnológicas de vida”. Y de cómo, de esas formas tecnológicas se sedimenta una “cultura global de la información”. Nos enfrentaremos nuevamente al concepto de crítica, y lo someteremos a escrutinio. Hemos visto cómo se abrieron las fronteras del arte, en cierta manera las fronteras de la información se han abierto a la compresión, a la aceleración, por tanto, a la fragmentación. Internet es hoy en día una fuente indiscutida de información, incluso frente a otros medios como: la televisión, la radio, o los diarios[2]. Utilicemos una vez más a Internet como excusa para que podamos trazar los contornos de la escurridiza “cultura global de la información”.Empecemos este recorrido, evoquemos aquí a Scott Lash.

Hemos afirmado con anterioridad que la época actual se caracteriza por el formato de la copia idéntica digital. En líneas generales, pensemos la actualidad como la “era digital” que es. La era digital tiene su soporte en los flujos de información, los flujos a su vez tienen su soporte en la tecnología. Pensemos la “era digital” como la “era de la información”[3]. Bajo estos términos adentrémonos en la “sociedad de la información”. “Esta debe interpretarse aquí en marcada distinción de otras categorías socioculturales anteriores, como la narrativa, el discurso, el monumento o la institución. Las cualidades primarias de la información son el flujo, el desarraigo, la compresión espacial y temporal y las relaciones en tiempo real. En este sentido, no excluyente pero sí fundamental, vivimos en una era de la información[4]”. Se nos hace necesario, en este punto, establecer algunas precauciones. El término “Sociedad de la información”, a contrario del de“Posmodernismo”, no indica la sucesión de otro tiempo. Lo que principalmente indica es la regla dominante, la información. Y la información nos permite apreciar, esta nueva regla, y el desorden que produce. “Así, una “arquitectura informacional” es una arquitectura de flujos y movimientos y alienta las relaciones en tiempo real por encima de las distancias; es una arquitectura de la descontextualización, de la compresión de tiempo y espacio[5]”. De ello, podemos evidenciar la contradicción de la sociedad de la información. “Antes que nada, tal vez sea necesario considerar la paradoja de la sociedad de la información. Esto es, cómo una producción tan racional puede resultar en la increíble irracionalidad de las sobrecargas de información, la información errónea, la desinformación y la información descontrolada. Se juega aquí una sociedad desinformada de la información[6]”. La información ha sido comprimida, ha sido fragmentada. En otras palabras, hoy en día fluye a través de “bits” de información, y en Internet los “bits” fluyen de forma desordenada. Por otro lado, la información pierde, en parte su valor, o, si se prefiere, existe información cuyo valor es excesivamente corto. Ello produce un exceso de información. “La producción altamente racional y con uso intensivo del conocimiento resulta en la proliferación y los flujos casi anárquicos de información[7]”. La noticia, por ejemplo, como mero acontecimiento tiene un valor similar al de un día. Y dependiendo de su impacto, su posibilidad de repetición. Sin embargo, tarde o temprano la información pierde su valor.

El flujo constante de información no deja tiempo para la reflexión, el tiempo es “informacionalizado”, y la reflexión se convierte en “Tolerancia Productiva”. Recordemos por un momento la descripción del “nuevo poder”, que abordamos en la primera parte. Este poder vuelve a la crítica productiva para sí. Una respuesta a este efecto podemos relacionarla con la manera en que el valor de la información ha cambiado. “Hace estallar y margina en parte el par valor de cambio/valor de uso. En su lugar hay un plano inmanente de redes de actores: de humanos y no-humanos, objetos culturales y objetos materiales, que en general están desarraigados y no vuelven necesariamente a arraigarse. (…) La información está desarraigada”[8]. La crítica es “informacionalizada”. La información y la crítica, se vuelven productivas para el poder, “el capital la[s] recaptura para una nueva mercantilización”[9]. Acá encontramos una estrecha relación entre la visión de Mercedes Bunz y Scott Lash. En la sociedad de la información se pasa constante y aceleradamente, de un orden a un desorden y luego a un nuevo orden, vale decir, a la lógica de la repetición. Surge aquí la pregunta por la crítica de la información. Si la crítica ha cambiado, ¿Qué ha pasado con la crítica de la información? Pues debemos aceptar, primero que todo, que la crítica de la información puede volverse productiva para el poder. Y es desde dentro de la “informacionalización”, desde donde tiene que ser pensada. Hoy en día, la crítica de la información tiene que estar al nivel de la urgencia de la “informacionalización”. Así como la utopía es pensada desde la copia idéntica digital, por ejemplo.

b) In-formación: “Aparatos remotos culturales”/ Formas tecnológicas de vida

Señor Burns
“Se como cambiar la forma en que el público piensa de mi.
Compraré todos los medios de difusión. ¡Tráigame mi chequera!”[10]

Como hemos afirmado con anterioridad el soporte de la información es la tecnología. En este sentido, los individuos -no es novedad- han empezado a descubrir el mundo a través de diversos formatos tecnológicos. El “ser-en-el-mundo” tiene ahora una interfaz entre los individuos y su medio ambiente, una interfaz tecnológica. La cultura suele relacionar a los individuos con su medio ambiente, pero con la interfaz mencionada, la cultura misma se vuelve tecnológica. La cultura es “informacionalizada”, por tanto, las formas tecnológicas de vida se dan a distancia – aquellas formas de vida culturales y tecnológicas. Por tanto, si existe una cultura tecnológica podemos hablar de formas tecnológicas de vida – los individuos que componen dicha cultura. En las culturas tecnológicas lo cotidiano y lo contingente es la regla, prueba de ello es la noticia como mero acontecimiento y la creación de una parrilla programática de televisión que se ajusta al “día a día”[11]. La cultura tecnológica tiene una clara falta de “trascendentales”. Prueba de ello es el decreto del “fin de las utopías” y la aceptación pasiva por parte de la gente, de numerosas injusticias a nivel mundial. En parte se debe a la apertura de la política y la división de los nuevos movimientos sociales, transformados en “focos de resistencia”, sin una idea trascendental que potencia sus posibilidades. Y aquí recordemos a la reflexión y la falta de tiempo para ejercerla, al menos esto fue lo que hemos dicho. La reflexión nos permitía distinguir dos esferas, el conocimiento y la práctica; si se prefiere, teoría y praxis. A través de la reflexión podíamos pensar en la relación entre el conocimiento y la práctica. En la cultura tecnológica la teoría está en la práctica, está en la tolerancia productiva. La esfera del conocimiento ya no reflexiona sobre la esfera de la práctica, ahora la práctica es el conocimiento. En la cultura tecnológica, la reflexión “presume una fusión de la teoría y la práctica. (…) En la cultura tecnológica, la reflexividad se convierte en práctica: se convierte en comunicación”[12]. Los individuos producían sentido para sí mismos, a través de la conciencia y la relación con los trascendentales que de ella se depuraban, reflexionando para ello. Hoy en día, no hay una falta de sentido, el sentido es producido, no para uno mismo, sino para otros – recordemos el mundo es el sentido. No se reflexiona sobre el sentido, solamente se comunica, el sentido circula por todos lados de manera dispersa, el sentido es comunicación. “La creación de sentido o el conocimiento es la glosa, el comentario de actividades cotidianas, y resulta inseparable de ellas”[13]. Y recordemos lo contingente y lo cotidiano, lo empírico, es la regla.

Escrito por Rodrigo Díaz.

[1] Capítulo de la serie animada, “Los Simpsons”, titulado “Noticias Engañosas”, es el número 22 de la quinceava temporada. En él el “Señor Burns” compra todos los medios de comunicación excepto uno, el que ha creado Lisa Simpson, siendo el único medio “libre”. Se relatan la peripecias de la lucha mediática entre Lisa Simpson y el Señor Burns. Katherine Graham, fue presidenta de compañía editora del “Washington Post”, Newsweek, entre otros.
[2] Ver análisis a “Encuesta WIP”.
[3] Aun si parece demasiado pretencioso hablar de la “era digital”, o la “era de la información”, el término “era” indica la importancia de lo digital. Nos guste o no, lo hayamos deseado o no, lo digital llegó para quedarse.
[4] Lash, Scott, “Crítica de la información”, Pág., 22, “Amorrortu Editores”, Buenos Aires, Argentina, 2005.
[5] Ibidem, Pág., 22.
[6] Ibidem, Pág., 23.
[7] Ibidem, Pág., 26.
[8] Ibidem, Pág., 34.
[9] Ibidem, Pág., 25.
[10] Capítulo de la serie animada, “Los Simpsons”, titulado “Noticias Engañosas”, es el número 22 de la quinceava temporada.
[11] Como la televisión empieza en las mañanas con noticias, luego matinales, entre medio de ellos más noticias, programas de farándula, luego noticias, novelas y programas juveniles, entre medio de ello más noticias, programas de entretención en la noche y finalmente, más noticias. El último informativo noticioso resume las “noticias del día, y en ocasiones recuerda noticias en la fecha que corresponde.”
[12] Ibidem, Pág., 46.
[13] Ibidem, Pág., 46.

domingo, 2 de diciembre de 2007

Continuación....."La Otra Mundialización", escrito por Dominique Wolton.


Alentar el espíritu crítico.

El cuidado de la regulación pública en materia de industrias de la comunicación requiere, entre muchas otras cosas, la firme de decisión de imponer un determinado punto de vista sobre el papel del Estado y el interés general, una filosofía política de la cultura y la comunicación, la ambición de pensar y administrar la diversidad cultural. Esta política de conjunto debe dar ocasión para reflexionar sobre el papel del Estado y el interés general y, más aún, oportunidad para desarrollar entre los ciudadanos un espíritu vigilante que sepa hacer la diferencia entre los valores e intereses; ello, con miras a situar, en el inmenso discurso de la comunicación pero más allá de las palabras, lo que compete finalmente a la promoción, con el fin de aprender a juzgar de viso, empíricamente, con modestia. Aprender a meditar, por ejemplo, sobre una de las paradojas inesperadas de la revolución en materia informacional, el de su precio. Ayer la información era escasa y se la tenía por un valor en sí, por una conquista democrática y barata. Hoy es abundante, para no decir redundante, se ha transformado en una verdadera mercancía y en consecuencia mucho más cara, especialmente porque se la segmenta y se la vende sobre soportes diferentes.
Tampoco es posible reflexionar sobre las gigantescas apuestas ligadas a este sector si no se revalorizan primero las palabras que lo atraviesan. Y ante todo hay que admitir que la información y la comunicación no son sinónimas, que la cultura debe ser pensada de manera más global porque, aun estando ligada al patrimonio, es también la suma de todos los recursos que moviliza el individuo para tratar de vivir en su época. Debe evitarse reducirla a la cultura de élite y mostrar el papel motor de las culturas medias y de masas en la sociedad contemporánea. La cultura es finalmente, el conjunto de actitudes que permiten situarse frente al mundo contemporáneo. No hay nada que no sea recurso natural para edificar la capacidad de pensar una realidad en movimiento perpetuo: música, moda, información, tradición, modo de vida, trabajo, educación… Todo cuanto está simultáneamente en el tiempo y en la atmósfera ambiente, lo que es compartido por otros, lo que tiene un sentido. La cultura tal vez no haya estado nunca, de manera tan simultánea, en la duración y en el instante. En cualquier caso, cultura y comunicación justifican crear conocimientos para pensar los desafíos técnicos, económicos, políticos ligados a la expansión de las industrias del mismo nombre.
Crear conocimientos es desarrollar un espíritu crítico que distinga valores e intereses, lógica normativa y lógica funcional en la información, la cultura y la comunicación. Aprender a no confundir el progreso técnico con los servicios realmente útiles, el discurso comercial con la aspiración a comunicarse, los procesos económicos con la realidad de las relaciones sociales, la transparencia ofrecida por Internet con la realidad de las relaciones de poder, la aspiración a la igualdad con los riesgos de la cibercriminalidad.

jueves, 25 de octubre de 2007

Continuación....."La Otra Mundialización", escrito por Dominique Wolton.


Salvaguardar el lazo social.

La concentración de las industrias culturales tiene un segundo efecto perverso: la segmentación del mercado en cuantos mercados secundarios se pueda. ¿Cuál es la consecuencia? Una pulverización del lazo social. Si esta segmentación es fuente de rentabilidad, también constituye un riesgo para la democracia. Así como una nación es otra cosa que la suma de comunidades que la componen, del mismo modo la comunidad internacional es otra cosa que la suma de las redes y los mercados. Sólo los Estados, por dependientes que sean, son capaces de administrar la heterogeneidad social y cultural de las naciones. A ellos les corresponde mantener un mínimo de cohesión entre las diferentes comunidades; lo cual, en materia de industrias de la cultura, se traduce por una problemática del interés general, la existencia de un servicio público, la preservación del carácter nacional de una parte de las industrias culturales. ¿Qué dirían los estadounidenses, librecambistas de labios para afuera pero proteccionistas en los hechos, si vieran a sus industrias de la cultura y la comunicación, de las que por otra parte están muy orgullosos, marcharse a jirones al extranjero? Cuando observamos su reacción ante la simple reventa de los estudios Universal, y el modo en que no pararon hasta recuperarlos para el regazo nacional, no resulta difícil zanjar la cuestión.
En la Organización Mundial de Comercio reaparece este debate sobre el estatuto de las industrias culturales, entre los dos bandos: el de los defensores de un liberalismo favorable a la segmentación, y el de los partidarios de una problemática más universalista y ligada a la preservación de cierta cohesión social más allá de la existencia de comunidades. Quien dice aceptación de una cohesión social, supone la existencia de una regulación que la garantice y, por tanto, de un Estado. El comunitarismo, en cambio, casi no necesita un Estado fuerte. Este enfrentamiento entre dos filosofías políticas determinará en buena parte la configuración de las industrias culturales para los próximos diez años.
  • Dominique Wolton es director de investigaciones en el Centro Nacional de Investigaciones Científicas de Francia (CNRS) y está al frente del laboratorio «Información, comunicación y retos científicos». En 1988 fundó la revista internacional Hermès (CNRS Editions), que dirige desde entonces. La revista tiene como finalidad estudiar la comunicación y sus relaciones con los individuos, las técnicas, las culturas y las sociedades desde una perspectiva interdisciplinar. Wolton dirige así mismo la colección «Communication», que creó en 1998 (CNRS Editions). A través de sus innumerables publicaciones, Wolton despliega una línea de investigación centrada en el análisis de las relaciones que mantienen la cultura, la comunicación, la sociedad y la política. Después de haber estudiado los medios, la comunicación política, Europa e internet principalmente, se ha interesado por las consecuencias políticas y culturales de la globalización de la información y la comunicación. Para Wolton, la información y la comunicación son uno de los mayores desafíos políticos del siglo XXI y la convivencia cultural, un imperativo que se ha de modelar para que se pueda poner en marcha la tercera globalización. Tras La otra mundialización (Editorial Gedisa, 2004), acaba de publicar en Francia Il faut sauver la communication [Salvar la comunicación] en febrero de 2005 (ed. Flammarion).Cargos Directeur du Laboratoire CNRS, UPS 2262, Information, communication et enjeux scientifiques Directeur du l'Institut des Sciences de la Communication du CNRS Fundador y director de la revista Hermès - Cognition Communication Politique, CNRS-Editions, París, desde su creación en diciembre de 1989. Director de la colección CNRS – Communication , CNRS-Editions, desde su creación en 1999. Miembro del Consejo cientifico del Cnrs Miembro del Consejo de administración de la holding France Télévision y de la cadena France 2. Miembro de la Comisión de Francia de l’UNESCO Miembro del Consejo cientifico del "Office parlementaire d’évaluation des choix scientifiques et technologiques" Président du Comité d'éthique du Bureau de vérification de la publicité (BVP) Directeur de la Cellule Stratégique de la Francophonie à l'Organisation Internationale de la Francophonie (OIF) Fonctions précédentes Miembro del "Haut Conseil de la Francophonie" (2004-2006) Président de la Commission spécialisée de terminologie et de néologie, Ministère des Affaires étrangères (1999-2005) Membre du Comité d'Ethique pour les sciences du CNRS (COMETS) (1993-2005) Membre du Comité consultatif national d'éthique pour les Sciences de la Vie et de la Santé (CCNE) (1997-2005) Director del Programa Comunicación del CNRS (1985-1997) Responsable del Programa Ciencia, Tecnología y Sociedad del CNRS (1980-1985) Fundador y director del Laboratorio Comunicación y política del CNRS (1987-2000) Miembro del Consejo cientifico de la Agence Nationale pour la Recherche (ANR) Profesor en el Instituto de Estudios Políticos de París (1992-1997) Miembro de las tres comisiones gubernamentales de reforma de los medios audiovisuales públicos: 1981 (Sr. Moinot), 1989 (Sra. Tasca) y 1996 (Sr. Campet).Distinctions Chevalier dans l’Ordre National de la Légion d’Honneur Chevalier dans l’Ordre des Palmes Académiques Officier dans l’Ordre des Arts et Lettres

jueves, 11 de octubre de 2007

Continuación....."La Otra Mundialización", escrito por Dominique Wolton.



Regular las industrias culturales.

En Occidente, la libertad de información está tan ligada a la lucha política por la democracia, que cualquier idea de regulación en este sector es considerada todavía como un atentado a la libertad. Sin embargo, dicha idea no traduce por fuerza una postura liberticida sino que, por el contrario, es signo de la voluntad de proteger la libertad de comunicación. Se sabe desde siempre que la libertad de comunicación no puede existir sin leyes que la garanticen. Por ejemplo, todo cuanto atañe a la cuestión de los derechos de autor y de propiedad intelectual está directamente enlazado a esta problemática reciente de la libertad. Es preciso recordar, pues, tanto en el ámbito de la cultura y de la comunicación como en muchos otros, que la ley es condición de la libertad y no destrucción de esta.
Es preciso también limitar la descomunal concentración de las industrias de la comunicación, cuya fragilidad, por añadidura, es extrema. Vemos desmoronarse aquí y allá sectores enteros no sólo de las industrias culturales sino casi siempre del patrimonio. Las industrias culturales deben ceñirse de nuevo a su oficio inicial y abandonar la pura lógica financiera. ¡Es cuando menos asombroso que, entre 1992 y 2002, las más grandes empresas de comunicación (AOL-Time-Warner, Disney, Bertelsman, Vivendi Universal antes de su caída) hayan pasado a ser también las multinacionales más poderosas del mundo! En ningún otro sector de actividad se habría aceptado tan fácilmente semejante concentración sin plantear el problema de su compatibilidad con la lógica democrática. Esto dice mucho sobre la fascinación ejercida por estas industrias sobre las clases dirigentes. Recordemos simplemente que, 50 años atrás, se temía que la concentración de la prensa pudiese ser un obstáculo para la democracia, mientras que, hoy, industrias de comunicación concentran diarios, editoriales, televisiones, estudios de grabación, nuevos medios masivos, en un grado de poderío económico sin medida común con lo que sucedía en la década de 1930. Actualmente son muy pocos los que, en el plano nacional o internacional, se insurgen contra esta lógica de la concentración. Algunos hasta llegan a decir que la potencia y el poder de los grupos comunicacionales son garantía de la libertad de información.


  • Dominique Wolton es director de investigaciones en el Centro Nacional de Investigaciones Científicas de Francia (CNRS) y está al frente del laboratorio «Información, comunicación y retos científicos». En 1988 fundó la revista internacional Hermès (CNRS Editions), que dirige desde entonces. La revista tiene como finalidad estudiar la comunicación y sus relaciones con los individuos, las técnicas, las culturas y las sociedades desde una perspectiva interdisciplinar. Wolton dirige así mismo la colección «Communication», que creó en 1998 (CNRS Editions). A través de sus innumerables publicaciones, Wolton despliega una línea de investigación centrada en el análisis de las relaciones que mantienen la cultura, la comunicación, la sociedad y la política. Después de haber estudiado los medios, la comunicación política, Europa e internet principalmente, se ha interesado por las consecuencias políticas y culturales de la globalización de la información y la comunicación. Para Wolton, la información y la comunicación son uno de los mayores desafíos políticos del siglo XXI y la convivencia cultural, un imperativo que se ha de modelar para que se pueda poner en marcha la tercera globalización. Tras La otra mundialización (Editorial Gedisa, 2004), acaba de publicar en Francia Il faut sauver la communication [Salvar la comunicación] en febrero de 2005 (ed. Flammarion).Cargos Directeur du Laboratoire CNRS, UPS 2262, Information, communication et enjeux scientifiques Directeur du l'Institut des Sciences de la Communication du CNRS Fundador y director de la revista Hermès - Cognition Communication Politique, CNRS-Editions, París, desde su creación en diciembre de 1989. Director de la colección CNRS – Communication , CNRS-Editions, desde su creación en 1999. Miembro del Consejo cientifico del Cnrs Miembro del Consejo de administración de la holding France Télévision y de la cadena France 2. Miembro de la Comisión de Francia de l’UNESCO Miembro del Consejo cientifico del "Office parlementaire d’évaluation des choix scientifiques et technologiques" Président du Comité d'éthique du Bureau de vérification de la publicité (BVP) Directeur de la Cellule Stratégique de la Francophonie à l'Organisation Internationale de la Francophonie (OIF) Fonctions précédentes Miembro del "Haut Conseil de la Francophonie" (2004-2006) Président de la Commission spécialisée de terminologie et de néologie, Ministère des Affaires étrangères (1999-2005) Membre du Comité d'Ethique pour les sciences du CNRS (COMETS) (1993-2005) Membre du Comité consultatif national d'éthique pour les Sciences de la Vie et de la Santé (CCNE) (1997-2005) Director del Programa Comunicación del CNRS (1985-1997) Responsable del Programa Ciencia, Tecnología y Sociedad del CNRS (1980-1985) Fundador y director del Laboratorio Comunicación y política del CNRS (1987-2000) Miembro del Consejo cientifico de la Agence Nationale pour la Recherche (ANR) Profesor en el Instituto de Estudios Políticos de París (1992-1997) Miembro de las tres comisiones gubernamentales de reforma de los medios audiovisuales públicos: 1981 (Sr. Moinot), 1989 (Sra. Tasca) y 1996 (Sr. Campet).Distinctions Chevalier dans l’Ordre National de la Légion d’Honneur Chevalier dans l’Ordre des Palmes Académiques Officier dans l’Ordre des Arts et Lettres

viernes, 21 de septiembre de 2007

Continuación....."La Otra Mundialización", escrito por Dominique Wolton.


Las plataformas del futuro.

Aceptar la especificidad de las industrias culturales.

Las industrias culturales no son como las demás. Son industrias, sin duda, pero su objeto – la información, la comunicación, la cultura – les otorga una condición específica que desborda a la lógica económica.
Durante 20 años, la expansión técnica y económica de las telecomunicaciones, los sistemas audiovisuales y la informática fue de tal magnitud que este lenguaje no pudo ser entendido. La información y la comunicación se mostraban más bien como el medio para reestructurar el capitalismo, descubrir nuevas fuentes de beneficios después de los acumulados por los sectores industriales del carbón, el acero, el petróleo o la energía nuclear. La información y la comunicación, transversales a todas las actividades económicas y sociales, pasaban a ser “el sistema nervioso” de esta nueva economía mundial en construcción. ¿Por qué conceder entonces un rango especial a lo que se convertiría en centro de la economía del mundo y permitir finalmente a los paises desarrollados mantener su adelanto técnico, cultural, político? Sostener el sector de la comunicación, banalizarlo, ¿no era mostrarse a favor del progreso? Formular interrogantes, denunciar la ideología técnica, reclamar un proyecto político más allá de las innovaciones, alertar contra la reestructuración del capitalismo sobre la base de las industrias de la comunicación, temer a la dominación cultural traducían en el mejor de los casos una posición conservadora, y en el peor una culpable pusilanimidad.
En esa época fuimos muy pocos los que elevamos la voz para expresar la urgencia de pensar los nuevos medios de comunicación, sobre todo por comparación con los medios clásicos, así como de abandonar la ideología técnica, y ello para recordar la dimensión política, en sentido amplio, de la cultura y de los vínculos entre identidad, cultura y comunicación. La caída del Nasdaq y el crac de las industrias de telecomunicaciones confirmaron en cierto modo nuestra hipótesis. A la larga, los argumentos esgrimidos para recordar que la información y la comunicación no son mercancías como las demás resultarán quizá menos descalificados. Se juegan en ello nada menos que la paz y la guerra del futuro.
La primera “revolución mental” a emprender es meditar sobre los desafíos geopolíticos de la comunicación, y pasar de una ideología de los sistemas de información a una problemática de las comunicación; admitir que el problema principal en este sector no es la producción y difusión de un numero creciente de informaciones de toda índole, y reconocer más bien que estas industrias administran visiones del mundo y que, por tanto, son inseparables de una reflexión sobre sus condiciones de acogida. Aunque la información tenga un precio y en todas partes se convierta en mercancía lucrativa, no se reduce a esto, pues su uso va más allá de la economía. Hoy, por ejemplo, nadie niega que el terrorismo internacional se desarrolló fundamentalmente sobre la repulsa del modelo occidental. Aunque los terroristas utilicen los mismos sistemas de información que los occidentales, empezando por Internet, los emplean para cosas muy distintas. He aquí una prueba de que lo esencial no está del lado de la técnica sino del de la información y de los modelos culturales que ella transmite.